Cultura de zine

Por 2016/02/18 Lucas López, Zoom Comments

Para los que estuvimos allí, cuando el paulista Zansky presentó su editorial independiente de Zaster en la extinta Delta Libros de la calle Echeverría, –un secreto a viva voz donde convivían ediciones inhallables de Miranda July, Mike Mills, Wolfgang Tillmans, además de libros biográficos de Suicide y Velvet Underground e ignotas ediciones de autor– la sensación inicial de desorden generacional se convirtió en interés genuino por el zine (en su versión actual y reducida de fanzine), la autoedición y la técnica de impresión con máscaras. En especial, las revistas de páginas flúo como Fortuna, Glúten y la novela gráfica psicodélica Marfim Eloquente, que el visitante Zansky exhibió con indisimulable elocuencia y reciente olor a tinta de serigrafía, en compañía de los locales Elefante Editora, Ediciones de Cero y otros ejercicios entusiastas.

 

En cierta forma, el fanzine sigue formando parte de una cultura del activismo editorial, donde las restricciones descubren el error forzado, y el efecto de duplicación, en tanto ensayo y azar, produce piezas únicas. Un proceso creativo solitario, que requiere disciplina y perseverancia. Al límite en términos de producción, —casi siempre imperfecto y de diseño esforzado—, el zine autoeditado conforma un universo de interés para una comunidad de lectores que detentan originalidad de contenidos y nuevas ideas, aunque los editores no alcancen impacto en sus ventas y la distribución, como señala la editora Sonja Commentz en el bíblico Behind the Zines: Self Publishing Culture, “sea el talón de Aquiles de la escena”. Para tal fin, el circuito de ferias de publicaciones, festivales, ciclos y talleres son esenciales por su ética colectiva, su espíritu de familia y su legitimidad DIY. Los numerosos encuentros en el Salón Pueyrredón cumplen con esos anhelos comunitarios.


Como los contemporáneos Motto y Cobrinha, Zansky produce publicaciones literarias económicas y artesanales utilizando técnicas de impresión manuales como serigrafía y risografía. Sin embargo, en las múltiples formas que adquiere el zine, sus monografías son más representativas de un objeto de diseñador por fuera de la academia, que de un fenómeno de resistencia (como los volúmenes punks que persigue Teal Triggs), y más cercanas al obrero gráfico que al ensayista crítico frente a lo establecido. Aunque su producción deja rastros, con códigos propios y estrategias oblicuas al mercado, de una cultura activa que promueve una independencia sin límites.

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